Comer en familia: más importante que nunca

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Tres de cada diez niños españoles pesan más de lo que deberían según los últimos datos disponibles. Ello incrementa su riesgo de padecer enfermedades nada halagüeñas en la edad adulta. Pero no es el único “problema dietético-nutricional” que sufren nuestros menores de edad. Los trastornos del comportamiento alimentario (como la anorexia y la bulimia) muestran un destacable aumento en España en los últimos años. Datos del Ministerio de Sanidad apuntan que entre el 4 al 7% de las chicas de entre 12 y 21 años padecen esta clase de trastornos, muchísimo menos frecuentes en varones. ¿Es comer en familia una herramienta útil para prevenir estas dos dolencias? El presente texto lo analiza.

Panorama poco halagüeño

Tanto la obesidad infantil como los trastornos del comportamiento alimentario van a experimentar un crecimiento progresivo en los próximos años, según las previsiones de la Organización Mundial de la Salud. El número de casos de trastornos del comportamiento alimentario se multiplicó por cinco en la década 1960-1970, y desde entonces no ha cesado de incrementar. En el caso de la obesidad, la situación es especialmente grave, ya que las cifras han pasado de ser epidémicas a ser “pandémicas”. Una pandemia es una enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.

España es el tercer país de la OCDE con mayor sobrepeso infantil. Es más, la cantidad de españoles con obesidad mórbida va en aumento. Es la forma más temible del sobrepeso ya que además de disminuir la esperanza de vida de quien la sufre, se asocia de forma clara a discapacidad, minusvalía y problemas de exclusión social.

Así pues, cualquier estrategia que pueda frenar el avance devastador de este panorama, aunque sea un poco, debe ser bienvenida…siempre que cuente con evidencias científicas de eficacia y no genere efectos adversos o desoriente a la población, como es el caso de las “dietas milagro”.

Comer en familia: saludable, simple y eficaz

Una estrategia eficaz y sin efectos adversos para hacer frente, en cierta medida, al problema, es algo tan simple como comer en familia. No es una varita mágica, desde luego, pero vale la pena tener en cuenta las numerosas ventajas que han observado los estudios centrados en esta cuestión.

Para empezar, vale la pena acudir a una de las entidades de referencia en salud infantojuvenil: la Academia Americana de Pediatría, que recomienda a todas las familias que compartan la mesa “de forma regular”, para prevenir la obesidad de niños y adolescentes.

Más reciente es un estudio publicado en julio de 2013, centrado en adolescentes, que observó que comer en familia se correlaciona con un menor peso corporal y una mayor ingesta de hortalizas, confirmando algo que ya habían constatado otros investigadores. Aunque se trata de un estudio pequeño y con un diseño que impide extraer relaciones “causales” (no sabemos si comer en familia es la causa del menor peso, o si sucede que las familias con menor peso son más proclives a comer en familia), los autores creen que la literatura científica existente permite afirmar que compartir la mesa es una estrategia preventiva de la obesidad.  Es cierto que hay investigaciones centradas en niños más pequeños que no hallan pruebas concluyentes a este respecto, y no es menos cierto que de ninguna manera se debe interpretar que las comidas en familia deben ser la única manera de abordar la prevención de la obesidad, pero se trata de una importante oportunidad sin efectos adversos.

Trastornos del comportamiento alimentario, y comportamientos de riesgo

El estudio citado, en cualquier caso, constató algo más: las dinámicas interpersonales son más positivas (Ej.: mejor comunicación) cuando compartimos mesa con nuestros hijos. De hecho, hay investigaciones que apuntan que aumentar la frecuencia de las comidas familiares y promover una buena atmósfera emocional en la mesa (mediante conversaciones distendidas) se vincula con menores síntomas depresivos en niños pero también con menos casos de trastornos del comportamiento alimentario.

En este sentido, la “Guía de práctica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria”, publicada en 2009 por el Ministerio de Sanidad, incluye entre sus consejos a la hora de abordar esta clase de patologías que el menor esté “sentado en familia” a la hora de comer.

Es importante tener en cuenta, además, que en los niños o adolescentes con indicios de trastornos de la alimentación, las comidas pueden proporcionar un entorno en el que los padres puedan reconocer las señales tempranas de esta dolencia, y tomar medidas para evitar que tales indicios se conviertan en trastornos de conducta alimentaria en toda regla. Además, al comer juntos, los adolescentes pueden sentirse animados a hablar con su familia de sus preocupaciones al respecto de este tema.

La exploración más reciente sobre la relación entre comer en familia y salud infantil la han llevado a cabo investigadores de la Universidad de Medicina de Tuffs, en Boston. En su estudio, publicado en la revista Journal of Youth and Adolescence en julio de 2013, se evaluó si comer en familia puede proteger en adolescentes de los siguientes comportamientos de riesgo:

  • Consumo de alcohol, tabaco, marihuana u otras drogas,
  • Conductas agresivas y/o violentas,
  • Bajo rendimiento escolar,
  • Comportamiento sexual inadecuado
  • Problemas de salud mental y
  • Trastornos del comportamiento alimentario

Pues bien, tras su revisión, los autores concluyeron que, aunque es necesario seguir investigando al respecto, los estudios apuntan que las comidas familiares pueden proteger los comportamientos de riesgo en adolescentes. Se trata de algo que, según ellos, tiene implicaciones prácticas para los padres, pero también para los médicos y las organizaciones sanitarias.

Datos clarificadores

Una interesantísima investigación aparecida en la revista Pediatrics en junio de 2011 indicó que compartir 3 o más comidas en familia por semana reduce las posibilidades de que los niños padezcan exceso de peso en un 12%, de que se tomen alimentos insanos en un 20%, de que sufran trastornos de la alimentación en un 35%. Pero además aumenta las probabilidades de los menores tomen alimentos sanos en un 24%. ¿Quién da más?

Las comidas familiares, en suma, son algo más que una bonita tradición, pueden actuar como un factor de protección para muchos problemas nutricionales relacionados con la salud en la infancia y la adolescencia, y eso incluye los relacionados con el sobrepeso, la mala alimentación y los trastornos alimentarios. Mucho mejor, por cierto, si en la mesa, además de dar ejemplo y fomentar un ambiente distendido, tenemos muchos alimentos saludables, y pocos superfluos.

Julio Basulto (@JulioBasulto_DN)

Diplomado en Nutrición Humana y Dietética (Universidad de Barcelona)


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