Alergia alimentaria en la infancia: preguntas y respuestas

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La gran mayoría de los niños puede ingerir una extensa variedad de alimentos sin problemas, según el Ministerio de Sanidad. Es muy importante tener presente dicha reflexión antes de adentrarnos en el resbaladizo terreno de las llamadas “reacciones adversas a los alimentos”. Y digo “resbaladizo” porque es un tema en candente investigación, con muchas respuestas, pero con algunas preguntas todavía sin responder. 

El primer mensaje que debemos recordar, como decía en el párrafo anterior, es que la mayor parte de los niños crecerá correctamente sin que tengamos que preocuparnos más que por ofrecerles alimentos saludables, confiando en que todo irá bien. Es decir, aunque es natural que nos preocupemos (para eso somos sus padres), no tiene sentido que nos alarmemos injustificadamente. Solo de un 2 a un 5% de los niños presenta una alergia alimentaria, tal y como ha comunicado recientemente la Asociación Española de Pediatría. No obstante, el número de padres convencidos de que su hijo tiene alergia es notablemente superior. De hecho, solo una tercera parte de los niños cuyos padres creen que su hijo tiene alergia, son realmente alérgicos a algún alimento. En adultos sucede de manera similar: el número de adultos que cree tener alergia (hasta un 25%) es muy superior al real (aproximadamente, un 3%).

¿Qué es y qué no es una alergia alimentaria?

Resulta crucial no confundir la “alergia alimentaria” con otras reacciones adversas a los alimentos y es por ello que es preciso dedicar algunas líneas a ello. Ingerir alimentos a los que somos alérgicos (suponiendo que el diagnóstico de la alergia sea correcto) puede suponer un grave riesgo para la salud, algo que no ocurre con la llamada “hipersensibilidad no alérgica”, que describo en el siguiente párrafo. La gravedad de las alergias tiene que ver con la implicación de nuestro sistema inmunitario. Así cuando en la reacción está implicado un mecanismo inmunológico, estamos ante una verdadera “alergia alimentaria”. Ejemplos: la alergia a las proteínas lácteas, la alergia al huevo o la enfermedad celíaca.
Cuando la reacción adversa a un alimento no es una alergia (ni una reacción tóxica, como un envenenamiento o una toxiinfección alimentaria, como la anisakiasis) estamos ante una “hipersensibilidad no alérgica”. Se suele usar el término “intolerancia”, pero es un término que puede inducir a confusión, ya que la palabra “intolerancia” da a entender que no se tolera ninguna cantidad de alimento, cuando no es así.

Un ejemplo de posible confusión lo tenemos con la enfermedad celíaca, de la que hablé en este post. Pese a que también se la conoce como “intolerancia al gluten” es en realidad una alergia, porque está involucrado un mecanismo inmunológico. Sin embargo, la “hipersensibilidad a la lactosa” (mal llamada “intolerancia a la lactosa”) sí es una reacción de “hipersensibilidad no alérgica”. Otra patología englobada dentro de las hipersensibilidades no alérgicas es la hipersensibilidad a los sulfitos, unos aditivos alimentarios que en ocasiones se usan como conservantes de carne picada, crustáceos, frutas secas o patatas peladas preparadas.

Por todo ello, en 2004, la Organización Mundial de Alergia (World Allergy Organization) propuso una nomenclatura para las reacciones a los alimentos, llamadas genéricamente “reacciones de hipersensibilidad a los alimentos”, clasificándolas en dos grupos: cuando no está implicado un mecanismo inmunológico deberíamos denominarlas “hipersensibilidad alimentaria no alérgica”, y cuando sí está implicado un mecanismo inmunológico, la reacción debe llamarse “alergia alimentaria”. Como se observa en el siguiente cuadro, la alergia alimentaria puede clasificarse, asimismo, en función de si en el mecanismo inmunológico están implicados los llamados “anticuerpos IgE”.

REACCIONES DE HIPERSENSIBILIDAD A LOS ALIMENTOS

No mecanismo inmunológico ↓

mecanismo inmunológico ↓

HIPERSENSIBILIDAD ALIMENTARIA NO ALÉRGICA

ALERGIA ALIMENTARIA

Mediada por IgE

No mediada por IgE

Ejemplos

Intolerancia a la lactosa

Alergia a la proteína láctea

Enfermedad celíaca

Hipersensibilidad a los sulfitos

Alergia al huevo

Dermatitis alérgica de contacto sistémica.

¿Está en aumento?

Hasta 1950 la alergia alimentaria en niños era algo raro, y desde entonces no deja de aumentar. Este incremento se ha relacionado, entre otros factores, con el descenso en la duración de la lactancia materna (se sabe que disminuye el riesgo de que el bebé padezca alergias) y con la excesiva higiene en los países desarrollados, que convertiría en cierta manera en “perezoso” al sistema inmunitario de los bebés. Se trata, en cualquier caso, de una hipótesis sin confirmar de manera fehaciente, tal y como acaba de concluir una extensa revisión publicada por Brooks y colaboradores.

¿Qué alimentos están implicados en la alergia?

Una vez entendida la diferencia entre la alergia y otras reacciones adversas a alimentos, es momento de hablar sobre la alergia alimentaria en la infancia. Pese a que muchos alimentos podrían causar reacciones alérgicas en personas sensibles, el 75% de todas las reacciones alérgicas se limitan a unos pocos alimentos: leche pescado, huevos, frutos secos y cacahuetes (los cacahuetes no son frutos secos, sino legumbres). De hecho, dos de dichos alimentos son los responsables de la inmensa mayoría de reacciones adversas: los huevos y la leche. Un reciente comunicado de la Asociación Española de Pediatría indica que el huevo, la leche, el pescado, las legumbres, algunas frutas como el melocotón, los frutos secos y el marisco son, por este orden, los alimentos que con mayor frecuencia están implicados en los casos de alergia alimentaria en niños.

¿Debemos demorar la aparición de dichos alimentos en la dieta del bebé?

Si aplicamos la lógica, parece sensato retrasar la aparición de los alimentos potencialmente alergénicos en la dieta del bebé. Sin embargo, la lógica no siempre coincide con las pruebas científicas. En este caso, tal y como indican hoy las principales asociaciones de pediatría, y como confirmó en mayo de 2010 una revisión publicada en Current Opinion in Clinical Nutrition & Metabolic Care, es innecesario demorar la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos en bebés. De hecho, incluso podría ser contraproducente. Lo verdaderamente relevante es la progresión, es decir, hacerlo poco a poco (siempre a partir de los 6 meses de edad) para comprobar la tolerancia del bebé. Si al día siguiente de incorporar una novedad en su dieta, el niño sigue bien, adelante con otra.

¿Qué síntomas nos deben poner en alerta?

En la mayor parte de casos, los primeros síntomas de una alergia en la infancia aparecen o en la piel o en el tracto gastrointestinal, poco después de tomar determinados alimentos. En la piel se suele observar urticaria, bultos en la piel o enrojecimientos. En el sistema digestivo pueden aparecer edemas en labios, lengua, paladar o garganta (un edema es una hinchazón blanda, que cede a la presión), pero también vómitos, náuseas, dolor abdominal, diarrea e incluso, en ocasiones, heces con restos de sangre.

Dichos síntomas generalmente aparecen, en su caso, cuando se incorpora un biberón en la dieta del niño (lo ideal es seguir con la lactancia materna todo el tiempo que madre e hijo quieran), o cuando se inicia el periodo de alimentación complementaria. Ante la duda, acude a tu pediatra: es importante un buen diagnóstico.

Si mi hijo padece alergia alimentaria ¿qué hago?

El mejor tratamiento para la alergia es evitar la ingesta de los alimentos implicados. Es por ello que, además del crucial papel del pediatra y/o alergólogo, varias entidades científicas de referencia aconsejan el asesoramiento por parte de expertos en nutrición humana y dietética, como los dietistas-nutricionistas. Y es que una dieta exenta de ciertos alimentos no es fácil de seguir, y puede conllevar problemas sociales, económicos y de salud. El tratamiento de las reacciones agudas, basado en antihistamínicos, corticoides y adrenalina, debe quedar siempre en manos del médico.
Sea como sea, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria propone las siguientes medidas preventivas, que deben tener en cuenta todos los padres de niños alérgicos:

  • Eliminar totalmente el alérgeno de la dieta, tanto el alimento en sí como los distintos productos que lo puedan llevar como ingrediente. Ante la duda, lo mejor es no tomarlo.
  • Leer siempre los ingredientes de los alimentos que se vayan a utilizar en la preparación del menú, teniendo cerca el listado de sustancias a las que se es alérgico para comprobar las etiquetas.
  • Cocinar primero la comida del niño con alergia para evitar contaminaciones y contactos.
  • Manipular cuidadosamente los utensilios (mejor si son exclusivos para el niño alérgico). No usar el mismo aceite o plancha para cocinar. Higienizar todas las superficies de trabajo.
  • Vigilar: masas, bechamel, caldos para sopas y sopas, pan rallado.
  • Aportar el certificado médico en el comedor escolar (en caso de que el niño coma allí) para evitar confusiones, e informarse concienzudamente del menú.
  • Tener cerca la medicación oportuna, especialmente en casos de alergias muy graves.

¿Puede remitir?

La alergia alimentaria suele desaparecer, sobre todo cuando se produce en la primera infancia, aunque depende del alimento implicado: la alergia a la proteína de la leche de vaca, a la carne o el huevo, suele remitir al año de edad; en el pescado suele demorarse más años, y la alergia a frutos secos o leguminosas es posible que no desaparezcan, aunque en la actualidad se están implantando nuevas terapias, como la desensibilización o la inmunoterapia oral, con resultados prometedores, según reconoce la Asociación Española de Pediatría.

Julio Basulto
Diplomado en Nutrición Humana y Dietética (Universidad de Barcelona)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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