La obesidad infantil se puede (y debe) prevenir
¿Te preocupa el futuro de tus hijos? Pues además de pensar en su expediente académico, o en su futuro laboral o familiar, te invito a que pienses en su salud. Y es que nuestros hijos podrían vivir menos años que nosotros, a causa de la actual epidemia de obesidad infantil. Lamento ser tan brusco, pero la situación (que hay quien denomina pandemia) no está para bromas. Entrar en la vida adulta con obesidad duplica el riesgo de morir prematuramente. ¿Podemos hacer algo? Por supuesto. Así que te ruego que sigas leyendo.
Una de las claves de la prevención de la obesidad infantil (entre otras, como la lactancia materna) es que nos responsabilicemos no sólo de tener exclusivamente alimentos saludables en casa, sino que nosotros mismos prediquemos con el ejemplo, siguiendo una alimentación saludable. Aquí tienes un breve test para ayudarte a descubrir qué es (o qué no es) una dieta saludable. Los niños, como decía, acabarán imitándonos si nosotros nos alimentamos bien, tal y como refleja este documento. Gustav Mahler sentenció, con buen criterio, que “No hay más que una educación, y es el ejemplo”.
No puedo dejar de mencionar que alimentar a los niños cuando no tienen hambre (algo duramente criticado, entre otros, por el pediatra Carlos González en su excelente libro “Mi niño no me come”), ha mostrado ejercer un papel en el desarrollo del sobrepeso en muchos estudios.
Además, nuestros hijos deben, sin duda, moverse más a menudo (se mueven poquísimo). El niño debería realizar, según la Organización Mundial de la Salud, más de una hora al día de actividad física. Todo vale (jugar al aire libre, caminar hacia o desde la escuela, evitar ascensores y escaleras mecánicas, etc.), pero mucho mejor, desde luego, si permitimos que realice la actividad física que más le guste (que no tiene por qué coincidir con la que nos guste a nosotros). Además, los padres deberíamos limitar las horas (suyas y nuestras) de televisión, ordenador o videojuegos. Pero esto, insisto, también nos incluye al resto de miembros de la familia: los hijos de papás y mamás que hacen ejercicio físico a menudo, suelen imitar a sus padres.
¿Y si ya tiene exceso de peso? Pues lo primero es acudir al pediatra. Pero no para que le haga adelgazar mediante una “dieta” restrictiva (que no suele funcionar, por cierto), sino para que valore si de verdad le sobran kilos, si esta situación ha sido causada por alguna alteración endocrina, si el exceso de peso le ha generado algún perjuicio en su salud (ej: hipertensión), o si existen signos de trastornos de la conducta alimentaria. Los expertos en alimentación son, en cualquier caso, los dietistas-nutricionistas. Te informarán sobre cómo encontrar uno aquí.
En resumen
Aunque no te lo creas, tu hijo puede padecer obesidad cuando sea adulto.
El exceso de peso puede ser igual de peligroso que fumar o beber alcohol.
La lactancia materna previene el exceso de peso en la edad adulta.
No fuerces a comer a tu hijo si no tiene hambre y elimina de tu casa los alimentos superfluos (refrescos, aperitivos salados, bollería, etc.).
Predica con tu ejemplo comiendo saludablemente y moviendo más tu cuerpo.
Si tu hijo tiene sobrepeso, acude a un profesional sanitario en toda regla.
Julio Basulto, dietista-nutricionista (www.juliobasulto.com)
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